Cultura Opinión

El inoxidable encanto de los shows en vivo: ¿por qué nunca van a morir?

Música y sonidos perfectos vs. tracción a sangre e imperfecciones perdonadas. Estar ahí no tiene precio. Y que haya tecnología, tampoco.

Chris Martin, en vivo, en un multitudinario concierto de Coldplay.

Hiperfrofesionalización en los conciertos. Avances tecnológicos que avalan ciertas prácticas que encuentran su justificación allí donde “el show debe seguir”.

Todo para mejor y que vos encuentres (sobre todo) lo que fuiste a escuchar.

Adhesiones y rechazos de profesionales de la industria y asistentes frecuentes a recitales. Música y sonidos perfectos vs. tracción a sangre e imperfecciones perdonadas pero con  la emoción del “en vivo”.

Hoy pareciera que no hay techo alto que atente contra un buen sonido y sonidistas sudando la gorda gota de su oficio. Todo pareciera tener solución.

Los asistentes fueron a escuchar lo más parecido a la canción original y habrá que dárselo. Enmascarando (quizás) falencias artísticas de antemano, artistas y músicos limitados, etc.

Es genial ir a a escuchar a tu cantante favorito y saltar y cantar de emoción? Claro que si.

Cuando asistís a un concierto, ¿escuchás lo mismo que aquel track en Spotify? Uhmmmmm….

Ese vasto terreno “en vivo”, cuando el artista expone, ofrece e interpreta “esa” canción que fuiste a escuchar, ¿te produce la misma vibra del Estudio?

¿Es el Autotune la valildación a tu compra vía celular? Ponele.

La aplastante contundencia del avance tecnológico mutó gustos y paradigmas antes no aceptados.

Empezando a redondear, en los shows en vivo se escuchan partes no tocadas.

Es decir, pistas disparadas donde se escuchan, percusiones, coros, brasses, y, por si las moscas, voces principales por si ese interprete falla por algún motivo.

Su voz seguirá sonando aunque no percibamos que “el-ella” ha dejado de cantar para nosotros imperceptiblemente.

Es lo que mainstream oficial ofrece y se acepta. Reconocele, al menos, que te están dando lo que fuiste a buscar.

Músicos de la talla de Paul Mc Cartney , Elton Jhon, Prince (en vida) etc, denuncian de alguna manera esta práctica y  remarcan su reiteración y, por último, lisa y llanamente no aprueban la inclusión de tracks pregrabados o samples de apoyo para reforzar  las perfomances en vivo.

Del otro lado, bandas como Coldplay, Ac/Dc o U2 parecieran, (sin decir nada al respecto) avalar tamaña tecnología y estructura  en pos de esta prácticas.

En el plano  nacional, Las Pelotas parecieran ser pioneros en esto; su baterista, Sebastián Shantel, indica que se nutren de estas pistas para agregar detalles, nada más. Pero opina que si el protagonismo de estas pistas ocupara el mayor porcentaje en el show, el público puede sentirse decepcionado.

Es en gran parte verdad lo que declara el perscusionista, ya que si se usara como usina principal del show pasando ya, directamente al playback, estaríamos casi ante un delito.

Joe Lynn Turnes, ex vocalista de Rainbow y Deep Purple, acusa de alguna manera a Kiss de optar por esta tendencia y destruir su legado “Si usas pistas para acompañar el sonido de directo escenificas una pantomima y no estás siendo honesto. Te estás engañando y estás engañando al público. Si no puedes hacerlo en vivo no engañes”.

¿Cómo me siento al respecto? No creo que un vocalista deba utilizar pistas sobre las que cantar”, continuó. “Quiero decir, por eso es un cantante. Entiendo que en esta época mucha gente lo haga. Pero creo que personal y éticamente te estás engañando a ti mismo y estás engañando al público al hacerlo. Prefiero tener una mala noche que usar voces falsas”.

En ciertas ocasiones esta práctica encuentra su ligazón con la necesidad. Bandas que declaran que les encantaría reproducir estas partes con músicos, pero su concreción implica más músicos que pagar y superaría su presupuesto “tenemos que secuenciar sí o sí

Distinto es el caso de Queen, que cuando iba a hacer en vivo una de sus canciones con docenas de voces, advertían que en ese pasaje, sólo en ese, se ayudarían con pregrabados. En el otro extremo, en lo que fue pura estafa, está el ya conocido caso de Milli Vanilli.

Recordar también la actuación de Red Hot Chillli Peppers en el Super Bowl de 2014, Electric Light Orchestra en 1978,

O, recientemente, un pasaje de la gira de Motley Crue donde la batería comienza a sonar mientras Tommy Lee conversa con un asistente. Lo californianos, no obstante, aclaran que siempre han usado eso pero que es apenas el 10% del show.

Hoy día, artistas de nuevos géneros cantan (con el manto protector del autotune) sobre pistas pre grabadas y su público logra extasiarse con su música. Y es genuino ese éxtasis, nada iguala a la pulsión que produce la música en vivo, sea cual sea el género, la contundencia de la tecnología incide hoy en ese proceso. No es ni más ni menos genuino que otras músicas.

A mediados de los 80 asistí a mis primeros shows en vivo con Soda Stereo arriba del escenario.

Algo novedoso y revelador se palpaba en sus conciertos.

Las canciones eran esas del disco, pero otras. Iguales de ganas de cantarlas. Versiones que se abrían en un terreno fecundo, podían sonar de cualquier manera, pero igual de geniales.

Había “errores” y que revelaban que todo eso sonando estaba ¡¡¡en vivo!!! Se entiende.

Había una mezcla de matices, texturas y sonidos que un simple asistente como yo escuchaba por primera vez, sonaba distinto del disco, pero era tal el impacto que producía, que descubrías que eso era lo que habíamos ido a escuchar: no la versión del disco.

Sumado a la atmósfera, la histeria colectiva de la que hablaba Jim Morrison sobre los shows en vivo, el magnetismo de la música era irresistible…

A modo de conclusión, pienso que reproducir algunos instrumentos por medio de track o samples para enriquecer el resultado final no debería verse como algo poco menos que una herejía; sumar algunos pocos sonidos para resaltar la labor de la banda no está nada mal, si el 80% del resto se toca con sentimiento y profesionalismo.

Por el contrario, el abuso de esa herramienta es inversamente proporcional al hecho o idea  de un recital.

Si la preponderancia de esta práctica es exagerada a altos niveles y se roza el playback y “el arte de imitar o representar acciones por medio de gestos” ya si nos encontraríamos ante una mentira, estafa, engaño (siempre sabiendo  que de antemano  fuimos sin aceptar esas tres variables, es decir: nos prometieron otra situación).

Nadie nos advirtió lo que iba a suceder.

En definitiva, un balance perfecto de ambas es lo esperable, fuera de todo fundamentalismo y de concepciones radicales.

Siempre preferimos el pifie involuntario a la pulcritud de laboratorio que socava la emoción y la sorpresa; preferimos una mala noche del intérprete a nivel vocal y, presenciando esos errores, mínimos, aceptables e imperceptibles casi, pero que hacen a la idea de recital, es estar consciente también de que esos artistas, allí arriba, están dando todo de sí.

Allí se genera la atmósfera antes mencionada. La de la magia y tensión que vamos a experimentar cuando compramos una entrada por celular y esperamos ansiosos el día del show.